Cuando apenas hemos digerido la histórica temporada de los Golden State Warriors coronada con un más que merecido anillo, la temporada 2017-18 llama a nuestras puertas con un, siempre ilusionante, Draft y una, siempre emocionante, agencia libre. Por fechas, primero vienen los jóvenes valores con el Draft y luego vendrá el baile de franquicias para muchos jugadores con un mercado pleno de rumores con el que 29 general managers intentarán dar con los nombres adecuados para asaltar el trono de los de Oakland.

Centrémonos un poco en el Draft. El #1 es propiedad de los Boston Celtics. Hoy ese hecho es muy aplaudido y se reconoce a Danny Ainge como su gran artífice pero cuando echamos la vista atrás, al verano de 2013, muchos aficionados y periodistas especializados tildaron el traspaso de Kevin Garnett, Paul Pierce y Jason Terry a los Brooklyn Nets de auténtico suicidio. El tiempo ha dado la razón al bueno y tozudo de Ainge ya que los Nets no hay más que ver dónde están, mientras que los de Massachusetts han reconstruido un equipo joven y ambicioso con Brad Stevens en el banquillo e importantes jugadores que juegan un baloncesto total como Al Horford, Marcus Smart, Jae Crowder, Kelly Olynyk y, sobre todo, Isaiah Thomas, el menudo base con más corazón que estatura, que se ha ganado un hueco no sólo en el actual olimpo de la NBA sino en el exigente corazón de una de las aficiones más entendidas y exigentes de la NBA. Ahí es donde a Ainge y Stevens les surgen las dudas con el #1 de este Draft.

Los Celtics tienen una magnífica base y un base aún más magnífico. El #1 del Draft, bien elegido, podría ser el ingrediente perfecto para consolidar a los verdes como la alternativa a la dictadura impuesta por LeBron James en el Este, seis finales consecutivas. ¿El problema?, pues que el jugador que todo el mundo señala como el mejor de la promoción de 2017 es el freshman de los Washington Huskies que juega de base puro: Markelle Fultz. ¿Son Fultz y Thomas compatibles?

Esa es la gran pregunta que tiene que responder Danny Ainge. Equipos como Sixers y Lakers están llamando al despacho de Ainge preguntando qué quieren a cambio de la elección #1 porque ambas franquicias ven en Fultz el jugador necesario para dirigir su juego. En Philly no tienen un director de juego desde que Allen Iverson saliera de la Ciudad del Amor Fraterno. En LaLand parece que se han cansado de D’Angelo Russell y no han visto nada en Lonzo Ball que les haga pensar que el Bruin pueda ser un jugador que marque las diferencias.

La NBA fija su mirada en los Celtics y en qué decisión tomará el bueno de Ainge. El #1 parece asociado al nombre de Markelle Fultz pero en las oficinas de Massachusetts piensan que la elección que mejor les encaja es la del alero Josh Jackson por lo que cambiar el #1 por un #2 propiedad de Lakers o un #3 propiedad de Sixers podría ser la mejor decisión salvo que Fultz sea el mejor base de los próximos 15 años…

¿Qué hará Ainge?, la madrugada del jueves 22 al viernes 23 lo sabremos. Lo que sí que se ha ganado el GM de los Celtics es el crédito y la confianza de que su decisión será la mejor en el largo plazo.

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