El tránsito del villano al héroe. Eso es lo que ha conseguido LeBron James al cumplir su promesa de llevar a Cleveland el anillo de campeón para su franquicia. Poco (o nada) importan ya todas esas camisetas de los Cavaliers con su nombre que fueron quemadas el mismo día en el que anunció su fichaje por Miami Heat. James ha logrado la redención de miles de aficionados, que con este anillo han transformado las lágrimas de impotencia, frustración y rabia de aquel día en lágrimas de emoción y orgullo. Esas mismas lágrimas que recorrieron el rostro de James al terminar el séptimo partido de las Finales.

James, tan alabado, tan criticado. Ahora que trae el anillo de campeón a su ciudad, a su gente, es cuando procede tomar algo de perspectiva en torno al talento de “El Elegido”. Sus virtudes y sus defectos, pero siempre fiel a su estilo, a “su verdad”. Y lo cierto es que, al margen de sus números (brutales en estas Finales, en las que ha sido elegido MVP), lo que debe quedar, por encima de todo, es su espíritu.

En uno de los partidos de estas Finales contra los Golden State Warriors pudimos observar una escena que dice mucho de James: Kevin Love trata de celebrar una jugada con él ofreciéndole chocar la mano, y James no solo no se la choca, sino que aprovecha que Love está frente a él para corregirle (y con razón, ya que los números de Love en esta serie final dicen mucho). Muchos aficionados vieron en ese gesto un desdén más de la estrella que no es capaz de hacer equipo. Otros vimos en ese gesto todo lo contrario: James es un líder que tiene muy claro cuál es su objetivo, y si crees en él (pocos confiaban en levantar un 3-1 en contra), si lo sigues, te llevará hacia su consecución. Hemos podido ver a un James superlativo, colosal, en estas Finales. Sus Finales, las de su gente. Las Finales de Cleveland, de Ohio… y de Akron.

Evitemos las comparaciones. LeBron James no es Michael Jordan (como tampoco lo es Stephen Curry). Simplemente es LeBron James. Un jugador irrepetible que quedará para la historia, y con quien se comparará a futuras estrellas. Pero una cosa está clara tras estas Finales: LeBron James es Leyenda.