LeBron James despierta a escasas horas de enfrentarse a los Golden State Warriors en una nueva final de la NBA. Se mira fijamente al espejo y nota como la tensión comienza a apoderarse de su rostro. Para evitar continuar en ese estado, James se golpea firmemente el pecho al tiempo que la música comienza a inundar cada uno de los rincones de su lujoso hogar.

Se despide de la familia, camino de un nuevo entrenamiento con su equipo, y nada más salir a la calle vuelve la misma sensación que tenía frente al espejo. La diferencia es que esta vez el reflejo no es el de su rostro, sino el de la ciudad de Cleveland, cuyo equipo de baloncesto lo eligió con el número 1 del draft de 2003. Es en ese preciso instante cuando es consciente de que ha llegado el momento de defender su trono.

Nada importa la historia, ni mucho menos el hito del anillo de campeón de la temporada pasada. El reto de revalidar el título invade su mente y sabe que la batalla final es inminente. No será fácil. Será “el mayor reto de su carrera”, según sus propias palabras (ojo, un tipo que ya ha disputado siete finales de la NBA, seis de ellas consecutivas -con ésta, serán siete-). Pero sabe que no se trata de una final más. Se trata de otra final defendiendo la camiseta de sus amados Cavs y, con ello, el espíritu de todos sus ciudadanos que ven en James a su Rey verdadero, máxime después de la hazaña de un título que toca defender. Todos confían en él.

Es una cuestión de honor, ante un equipo temible: estos Warriors llevan 12 victorias en 12 partidos de playoffs. Ninguna concesión. James se muestra confiado, “tendremos nuestras opciones y, además, pienso que son bastantes”.

Últimamente se habla mucho de su comparación con Michael Jordan, Y ciertamente hay algo de Jordan en James: un espíritu competitivo capaz de guiar a toda una ciudad hacia las más altas cotas deportivas. “Jordan ha sido mi estímulo, pero nunca he pretendido ser como él”. Los seis anillos de campeón de Jordan están en su mente, de eso no cabe duda alguna.

Llegó la hora de afrontar la última batalla. James llevará sobre su espalda el peso de toda la ciudad de Cleveland. El reflejo de un nuevo anillo de campeón estará presente en cada espejo al que se mire LeBron. Comienza la defensa del trono, y James está impaciente por pasar a la acción.