Después de mucha rumorología y mucha literatura escrita al respecto, ayer el propio Gordon Hayward hizo oficial su fichaje por los Boston Celtics publicando una carta explicando sus motivos y agradeciendo a los Utah Jazz el trato recibido en las pasadas 7 temporadas, en The Players Tribune.

Gordon Hayward es un jugador hecho a sí mismo. Un jugador que no es un diez en nada pero que se ha ido ganando su hueco en la liga poco a poco con esfuerzo en el día a día. Todos los entrenadores han visto en él su carácter y calidad y por eso, todos los veranos, ha participado en los training camps del Team USA pese a ser cortado siempre en el descarte final de los jugadores que iban a participar definitivamente en el campeonato de turno.

En Salt Lake City, Hayward tuvo a su disposición el entorno ideal para crecer como jugador ya que desde que los Jazz le eligieron #9 del Draft de 2010, siempre dispuso de minutos en cancha a lo que el alero ha respondido mejorando año tras años en aportación anotadora, PER y %USG.

Los Jazz han ido mejorando año a año hasta que este verano, con Hayward en su último año, han jugado los playoffs eliminando a los Clippers en primera ronda para darse de bruces con unos intratables Warriors que, seguramente, mostraron a Hayward con su 4-0 que los Jazz habían llegado a su techo y que si quería subir al siguiente nivel, debía de cambiar de caballo a mitad del río escuchando las llamadas de Danny Ainge.

Como ya hemos dicho antes, Hayward tiene lo que en Estados Unidos llaman, estatus de estrella de segundo nivel, ya que en sus 7 años de carrera en Utah, el jugador se ha ganado el respeto de sus compañeros y entendidos pero no ha pasado al nivel de presión mediática que conlleva el ser una estrella en la NBA. En estas 7 temporadas, el alero de los Jazz sólo ha recibido como reconocimiento individual el ser elegido suplente en el Oeste en el pasado All Star. Ningún otro reconocimiento individual excepto ser elegido jugador de la semana el 16 de Enero de este año… prueba objetiva de que, siendo un magnífico jugador, aún no ha llegado al nivel de estrella.

Ahí es cuando llegan los Celtics y le ofrecen a Hayward no sólo el equipo idóneo para dar el salto competitivo que necesita, sino el entorno adecuado para poderlo lograr ya que Hayward entronca milimétricamente con el estilo de jugador trabajador, abnegado con mucha calidad pero que no destaca nada pero que es imprescindible en todo, tan enraizado en la tradición de los de Massachussets como lo fueron históricos del calibre de Tom Heinsohn, John Havlicek, Dave Cowens, Kevin McHale e incluso el propio Larry Bird. Del de Indiana se decía siempre que no corría demasiado, no saltaba demasiado, no tenía mucha fuerza… pero fue 3 veces MVP de una liga dominada por jugadores físicamente más fuertes a base de talento y lucha incansable, características que, salvando un poco las distancias, son propias del baloncesto y de la historia personal de Hayward.

En los Celtics, Hayward encontrará a compañeros que ven en él al complemento ideal para lograr el asalto a la dictadura impuesta por LeBon James en el Este, no olvidemos que el de Akron lleva 7 finales consecutivas. En Boston se reencontrará con uno de los entrenadores que más le han influído, Brad Stevens, ya que jugó dos años bajo su dirección en la Universidad de Butler. Hayward y Celtics estaban condenados a entenderse y la historia debe salir bien porque… Gordon Hayward ha nacido para jugar en los Celtics.

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