Los Sixers son el pupas de la NBA en los últimos años. Una plaga bíblica en forma de lesiones se ha cernido sobre la ciudad de Philadelphia haciendo mala cualquier decisión gestada en sus despachos. Los entendidos de esto decían que era el castigo divino por el tankeo descarado en 2014 (19 victorias), 2015 (18) y 2016 (10). Sam Hinkie fue señalado como el gran culpable y, tan fuerte fue la presión mediática generada que Adam Silver se vio forzado a intervenir los Sixers forzando el fichaje de Bryan Colangelo, como si fuera un ministro de economía interviniendo un banco para evitar el colapso del sistema.

Hinkie ya no está pero su gran perla, Joel Embiid, se ha encargado de honrarle haciendo suyo el apodo de ‘The Process’ en un eterno guiño al ‘Trust the process’ con el que el ex-general manager defendía sus decisiones en un intento de devolver a los Sixers a la élite del baloncesto… y es que Philadelphia merece tener suerte.

Los Sixers son una de las franquicias más históricas y respetadas para los fans más veteranos que seguimos la NBA. Nacieron como los Syracuse Nationals allá por 1949 y sólo Celtics, Knicks, Warriors, Lakers, Kings y Pistons tienen más años de antigüedad como franquicia así que hay que tener un respeto por ellos. Como Nationals jugaron 14 temporadas en la neoyorquina ciudad de Syracuse, siempre llegaron a playoffs y ganaron el anillo en 1955 a los Fort Wayne Pistons en una de las finales más ajustadas que se recuerdan puesto que llegó al séptimo partido, decidido por un ajustado 92-91 para los Nationals, donde el ganador de cada uno de los 7 partidos no lo hizo nunca por más de 7 puntos.

Tras esas 14 temporadas, los Nationals se mudaron a Philadelphia en 1963 porque la ciudad de Syracuse no era lo suficientemente rentable para tener un equipo NBA. El propietario de los Nationals, Danny Biasone, vendió el equipo a un industrial papelero llamado Irv Kosloff que no sólo trasladó la franquicia a Philadelphia, huérfana de equipo ya que un año antes los Warriors se habían mudado a San Francisco, sino que cambió la franquicia de nombre al actual de 76ers en conmemoración de que en 1776 se firmó la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América en la ciudad de Philadelphia. Habían nacido los Sixers…

En 1964, dos años más tarde de mudarse, Philadelphia recuperó a Wilt Chamberlain para intentar destrozar la dictadura impuesta en el Este y en la NBA por parte de los Celtics de Bill Russell y en 1967 lo consiguieron con Chamberlain, Hal Greer, Chet Walker y Billy Cunningham, uno de los 10 mejores equipos que ha visto la NBA en su historia. Después, mediados los 70 llegó Julius Erving y elevó el baloncesto a otro nivel aunque no fue hasta la llegada de Moses Malone en 1982 que Erving pudo doctorarse honoris causa con el anillo en 1983. Luego vinieron los años de Charles Barkley en los que el gordo no consiguió desbancar a los poderosos Bad Boys de Detroit o los emergentes Bulls de Jordan. El siguiente en acaparar los focos fue Allen Iverson que devolvió a los Sixers a sus últimas finales en 2001 donde cayeron a manos de los Lakers dejando la inolvidable escena en el game 1 de The Answer sellando la victoria andando sobre el actual entrenador de los Cavs, Tyronn Lue

Cuando hablamos de los Sixers hablamos de Historia viva de la NBA. Hablamos de hall of famers envidia de cualquier franquicia. Hablamos de 3 anillos en 9 finales. Hablamos de una franquicia que merece regresar a la élite de la NBA así que esperemos que Markelle Fultz sea el ingrediente estrella a la prometedora salsa que está cocinándose en Philadelphia con Joel Embiid, Ben Simmons o Darío Saric entre otros.

Yo no sé si puedo decir con la boca grande eso de ‘Trust The Process’ lo que sí digo es que los Sixers merecen tener suerte de una vez por todas…

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