Como cada año, la Locura de Marzo ha dado comienzo y no ha hecho falta que pase más de un día para ver las primeras sorpresas y upsets. Sin embargo, a la edición de 2016 le falta algo. No diremos que está coja, pero si hay alguien a quien la NCAA, los scouts y la NBA echan de menos: Ben Simmons, el (de momento) futuro número uno consensuado del draft.

El australiano, que desde antes de la temporada era visto como el prospect más interesante y recibía comparaciones con el mismísimo Lebron, no ha podido llevar a su universidad, LSU, más allá de un récord 19-14 y, por tanto, se ha quedado fuera del gran baile que es el March Madness.

¿Un gran varapalo para sus posibilidades de ser reclamado por Adam Silver en primera posición? Aparentemente no, puesto que sigue coronando la mayoría de los mock draft. Sin embargo, es algo que puede cambiar en las próximas semanas.

Simmons ha demostrado sus puntos fuertes durante la temporada regular (visión de juego, jugador todoterreno, atletismo), pero también ha confirmado sus debilidades (casi inexistente tiro exterior) y, sin acudir al Madness, no va a poder reparar la imagen que los ojeadores tienen de él.

Mientras tanto, el resto de universitarios tienen la oportunidad de cuajar un gran torneo y ganar puntos para mejorar su valor de cara al draft. Esto tampoco debería preocupar en exceso al aussie, pues estamos ante una promoción bastante floja y sin profundidad… pero a partir del número dos.

Y es que el gran beneficiado de la ausencia de Simmons va a ser el dukie Brandon Ingram. El alero ha deslumbrado durante el curso con una combinación de altura y delgadez que a más de uno recuerda a Kevin Durant. Además, se postula como un jugador totalmente opuesto al de LSU, siendo un anotador excelso, con un tiro suave, pulido y de punto de soltado alto, que le convierte en un arma ofensiva capaz de crearse sus propios tiros. Además, sus kilométricos brazos le permiten robar balones y desviar más de un tiro de sus rivales.

El Madness va a ser una oportunidad perfecta para Ingram, que difícilmente dañará su stock y que se presenta como el escaparate perfecto para que scouts y franquicias se piensen seriamente seleccionarlo en el primer puesto.

En esto, además, influirá mucho que equipo sea el beneficiado por las bolas de ping pong en el sorteo. Ambos son jugadores con los que cualquier plantilla querría contar, pero ¿le conviene, por ejemplo, a Philadelphia otro hombre alto que no pueda tirar de tres? ¿No le rentaría más a los Sixers contar con un anotador exterior que abra el campo?

Puede que, después de todo, el próximo número uno del draft no esté tan definido.